Una nueva clase social

Texto: Javier Arteaga

Ilustración: Jhon Cortez

La investigación del científico suizo Max Kleiber iniciando el siglo XX, demostró que los animales de gran tamaño vivían más tiempo que los animales pequeños. En resumen la ley de kleiber como se la conoce, concluye que el número de latidos de una vida tiende a ser el mismo en todas las especies: lo que sucede es que los animales de más tamaño se toman más tiempo en agotar los suyos.

Partiendo de esta ley,  el físico y teórico Geoffrey West se preguntó si se la podría aplicar a una de las más hermosas creaciones  humanas: Las Ciudades, y junto a un grupo de investigadores se dedicaron a procesar información midiendo desde la delincuencia hasta el consumo eléctrico de los hogares, desde las nuevas patentes hasta la venta de combustible y una vez procesados los datos descubrieron que la escala de la cuarta potencia de Kleiber se aplicaba a la energía y el transporte en la vida de una ciudad. Las estaciones de servicio, las calles pavimentadas, la longitud del cableado eléctrico etc., seguían exactamente la misma ley que rige a los organismos biológicos. Sin embargo, lo más interesante de la investigación de West estaba en datos que tenían que ver con la innovación y la creatividad: las patentes, los presupuestos de I+D, las profesiones con alto nivel de creatividad y el número de inventores, seguían la ley de cuarta potencia de Kleiber pero con la diferencia que no era negativa sino positiva, es decir, una ciudad diez veces más grande no era diez veces más innovadora sino que lo era diecisiete veces más. Y una súper ciudad cincuenta veces mayor que un pueblo resultaba 130 veces más innovadora.  Si bien la ley de Kleiber  demostraba que la vida a mayor tamaño se vuelve más lenta, el modelo de West probaba que las ciudades que construyen los seres humanos rompen las pautas y las reglas de la vida biológica en su aspecto crucial. A medida que crecen, generan ideas mucho más rápido.  La ley de West permitiría deducir que a pesar de que las ciudades grandes, especialmente en Colombia, son casi invivibles  por el ruido, la contaminación, los problemas de movilidad, etc., el ciudadano medio de estas ciudades será casi el triple de creativo que el residente medio en una ciudad  o pueblo pequeño.

 

Esta investigación debería asustar a los Pastusos, pues  San Juan de Pasto, una ciudad de 480 mil habitantes ubicada al extremo sur de un país tercermundista que casi siempre la olvida, no es el lugar más óptimo para dedicarse a crear e innovar. Sin embargo creemos firmemente que es posible ir en contra de estas  leyes que la física y la naturaleza humana nos quieren imponer.

Hace ya algún tiempo he tenido la oportunidad de conocer y trabajar con personas que considero son la nueva clase social en Pasto, esa clase social que es distinta, que no se distingue por sus ingresos o por sus logros empresariales, que se mezcla entre diferentes disciplinas, que tiene las ganas y el talento necesario para salir adelante y contribuir al desarrollo de la ciudad.  Esa nueva clase social es la Clase Creativa, es el grupo de personas que lograron mostrar la ciudad soñada en 100en1díaPasto, son los jóvenes que impulsan iniciativas de movilidad como Bicivilízate y Encarrilando, son los emprendedores que día a día producen ideas de negocio para salir adelante como  el Colectivo Cocopollo y Alebú accesorios, son fotógrafos que plasman año tras año, la belleza de nuestra cultura como Luis Ponce, son músicos que cada día tienen mayor reconocimiento nacional como La Bambarabanda y Lucio Feullet, son todos esos jóvenes  con hambre de aprender que se reúnen los jueves en el Lamparazo, son esos estudiantes de la Universidad de Nariño que crean juegos y aplicaciones para dispositivos móviles.  La  lista es interminable, todos los días conocemos a personas que están creando, innovando que nos ponen a la par de la creatividad con otras ciudades de mayor tamaño.  Para esa clase social  creativa se crea un magacín o magazín que pretende contar historias, narrar experiencias, informar los acontecimientos, visualizar el conocimiento, opinar sobre lo que queremos y soñamos, pero no será un magacín o magazín común y corriente, tendrá una particularidad: todas las notas serán ilustradas por grandes ilustradores de nuestra región,  no contendrá fotos, solo ilustraciones que servirán para potenciar ese gran talento de los ilustradores nariñenses que muchas veces ha pasado inadvertido.  Cada historia será entregada a un ilustrador para que se inspire y pueda entregarnos cada semana una muestra de su trabajo que acompañará el texto.  Un grupo de colaboradores escribirán semanalmente estas historias y un grupo de ilustradores las acompañarán con su trabajo.

El objetivo de PASTOILUSTRADO no es otro que aportar un gran archivo de narraciones e ilustraciones realizados por esta Nueva Clase Social Creativa que seguramente servirá de ejemplo a futuras generaciones.

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