Categoría mayor

Texto: Julian Ortiz

Ilustración: Pacho Muñetón

Cuando me encontré en una reunión familiar, comiendo un extraño roedor con las manos, y diciendo: “los asiáticos comen gatos, ¿qué locos no?”, entendí que…

El hombre pastuso, como buen pastuso, siente envidia, se llena de tristezas y comúnmente siente rencor. El niño pastuso frecuentemente hace pataletas, grita, se tira al suelo y llora. Las mujeres pastusas se enamoran y enamoran con facilidad, usualmente reclaman, exigen y demandan mucha atención. La ciudad es fría, en ocasiones las mañanas son un paisaje gris y nublado, los verdes se pierden en la bruma y sus gentes se resguardan tanto que difícilmente se puede conversar. Los jóvenes pastusos se reúnen en diversos lugares para perder el tiempo con pelotas y otros afanes sin sentido y los ancianos se reúnen a conversar asuntos de un pasado que pocos recuerdan.

Y entre líneas entendí que…

Todo hombre pastuso, como buen pastuso, pertenece a una categoría aun mayor, ser hombre, un hombre humano; en su afán técnico, cultural y geográfico de diferenciarse ha propuesto un gentilicio que jamás lo definirá, un hombre pastuso, es por lo anterior, un hombre del mundo, con la capacidad de sentir envidia, de llenarse de tristezas, de sentir rencor, como lo hace un hombre asiático, un hombre europeo, un hombre norteamericano, o uno africano. El pastuso no come pastuso, el pastuso no es exclusivamente envidioso, el pastuso no es exclusivamente  rencoroso, el pastuso es, solamente, un ser que por azares y venires estelares, pertenece a esta latitud y a esta longitud, sus adjetivos son entonces, los adjetivos de todo hombre, de todo hombre humano, que siente, que llora y que gime, por su sencilla condición de estar vivo, porque se apasiona, por que ambiciona. Tampoco los grandes calificativos que han forjado héroes en la historia son exclusividad del pastuso, cada cual tendrá su héroe, valiente, heroico, fuerte, cada cual de cientos y diferentes lugares en el mundo que comparten el mismo denominador. Si se quisiera encontrar una diferenciación en el pastuso, en el hombre pastuso, debería ir en sintonía con la imposible definición de nuestros conceptos, entre ellos el que goza de una potente fonética casi viral: Berraco, el pastuso es berraco por definición y por tesón. Porque se ha visto en contravía con la historia y salió victorioso, porque lo han descentralizado culturalmente pero finalmente se convirtió en centro, un centro con orbita propia, con un lenguaje propio, con su exclusiva manera de saber y saberse grande, y con un espíritu de mil tonos que lo define. Cuanto me gusta sentir la última estrofa, a capela, de nuestro himno en el Estadio Libertad, y de esta, la palabra que nos define: responde (a vencer). Todo hombre siente envidia, sea pastuso o no, todo hombre alguna vez sintió rencor, sea pastuso o no,  todo hombre puede ser valiente, sea pastuso o no, pero NO TODO HOMBRE responde como el pastuso supo, y sabe responder.

El niño pastuso frecuentemente hace pataletas, grita, se tira al suelo y llora, se estira, juega, ríe y baila, como todo niño en el mundo. El niño pastuso como todo niño en el mundo se ensucia, se corta el pelo solo y como todo niño en el mundo, en la versión de cada padre, es el primero de su clase en saber leer. Pero el niño pastuso, como ningún otro niño en el mundo, tiene los huesos y el estómago más fuerte porque su dieta termina con agua de panela fortificada con calcio a través del quesillo del Espino cada noche, el niño pastuso, como ningún otro niño en el mundo tiene una sensibilidad especial por el arte y por lo humano, el niño pastuso como ningún otro niño en el mundo tiene sentimientos especiales por los animales; de sus experiencias se podrían llenar cientos de Gigas en Youtube, el titulo sería más o menos “nos mandaron derechito para la B”. El niño pastuso terminará siendo abogado, médico, contador, diseñador, o economista, pero siempre saludará, o despedirá de sus padres, con un abrazo, que se convierte siempre en arte, o en música, depende si sabe colorear los sabores, o saborear bien los colores.

Las mujeres pastusas se enamoran y enamoran con facilidad, usualmente reclaman, exigen y demandan mucha atención, como cualquier otra mujer en el mundo. Como cualquier mujer en el mundo, ríen y sueñan, pero la mujer pastusa como ninguna otra mujer en el mundo, es una mezcla entre paisajes rurales, madera, hierba, finísimos tonos cosmopolitas, colores dorados y  sonrisas perfectas. Sus particulares y diversos estilos, son como si Dolce y Gabbana decidiera producir sus piezas en Genoy, o como si Yves Saint Laurent hubiese nacido en la Unión. En suma, la mujer pastusa, como cualquier otra mujer en el mundo, demanda atención, porque al hombre pastuso, como ningún otro hombre en el mundo, le encanta dársela, le encanta amarla, y por ellas, romperse el corazón, a final de cuentas todos necesitamos morir de amor por una pastusa, y que alguna pastusa muera de amor por nosotros.

La ciudad es fría, en ocasiones las mañanas son un paisaje gris y nublado, los verdes se pierden en la bruma y sus gentes se resguardan tanto que difícilmente se puede conversar afuera, como muchas ciudades en el mundo. Pero a causa de este frio, al hombre pastuso, como a ningún otro hombre en el mundo, le encanta invitar a seguir. Pasto, como ninguna ciudad en el mundo, tiene los escalofriantes atardeceres rojos en agosto; como ninguna ciudad en el mundo, parece un épico teatro que abre sus cortinas de niebla para presentar el acto principal, un paisaje de cientos de verdes, de cientos de violetas y de cientos de sabores. Las gentes de nuestros pueblos se resguardan del frio, ese frio que le permitió a la querible Adriana Santacruz levantarse célebre con sus colecciones de invierno por todo el mundo, el frio que permite justificarnos en un hervido para tener un fraterno momento hacia una impecable obra de Dios en la tierra, La Cocha. El pastuso es frio, sus manos siempre congeladas, con un corazón que hierve por servir, así pues, cualquier grupo con relaciones no sanguíneas se convierte en segundos, como ninguna comunidad en el mundo, en una familia que adopta frecuentemente integrantes, que en otros lados del mundo, suelen llaman turistas.

Los jóvenes pastusos, se reúnen en diversos lugares para perder el tiempo con pelotas y otros afanes sin sentido, los ancianos se reúnen a conversar asuntos de un pasado que pocos recuerdan, los jóvenes juegan a la pelota como todo joven del mundo, muchos ancianos interesantes de Pasto, como otros ancianos de otros lugares del mundo, no fueron interesantes sino hasta pasar una juventud llena de afanes sin sentido, muchos ancianos de Pasto, como muchos ancianos del mundo, encontraron plenitud y nostalgia en los juegos y el tiempo perdido de sus juventudes, muchos jóvenes de Pasto, como otros del mundo, juegan futbol, pero ninguno juega una final del mundo cada sábado o cada domingo, claro, como un joven pastuso. Los jóvenes pastusos, finalmente entendieron, como ningún otro joven en el mundo, que en su cultura esta su riqueza, los ancianos pastusos, como ningún otro anciano en el mundo, mantiene viva esa cultura, con historias que pocos recuerdan.

El Pastuso, como ningún pastuso en el mundo, canta cuando habla, el pastuso como ningún pastuso en el mundo, es un denominador diferenciado por un grado en el norte y setenta y siete en el éste sobre el Ecuador, el pastuso como ningún hombre en el mundo, tiene la vida, la pasión y  la alegría mezcladas con una sociedad en crisis, el pastuso como ningún hombre en el mundo, tiene en su sensibilidad, en sus lágrimas y en su corazón, su común denominador.

Los Pastusos, si se quiere, tienen como común denominador, reunirse en familia a comer un extraño roedor con las manos diciendo: los asiáticos comen gatos, ¿qué locos no?.

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