De hinchas y demonios

Texto: Nathalia Jurado

IlustracióN: Juan Jurado

No podemos desconocer nuestra violenta actualidad en cuanto a materia deportiva se refiere, más precisamente en una cancha de fútbol o, fuera de ella. Vivimos en un país futbolero por copia no por naturaleza. Lo hemos aprendido a entender, a amar y a defender; ya que nos lo han enseñado a hacer desde países meramente futbolísticos. Sí, copiamos todo: su forma de jugar, pero no nos ha dado resultado, en otras partes son más rápidos. Allá son tres, cuatro pases y gol. Acá “puro toque, toque y de aquello nada”. Copiamos sus barras, sus cánticos, su modalidad: “no vea el partido, sólo salte”, sus tatuajes, su intolerancia, su violencia, en fin, su todo.

Hemos creído que podemos defender un escudo a punta a puño y machete. A diferencia de otros países, acá el machete es un instrumento de trabajo exclusivo de nuestros campesinos y también de nuestros criminales: como ellos nadie. Nadie tiene el dominio de esta arma blanca como la tienen estos maestros de la guerra. Tampoco hemos logrado entender cómo se las arreglan para meterse esta herramienta entre sus calzones sin que les corte o se les rasgue, absolutamente, nada. Una técnica que sólo la han dominado con sus años de experiencia en el arte de matar a punta de cuchillo. No cabe la menor duda que tenemos un problema de carácter nacional en el cual, últimamente, tenemos que defender lo nuestro con sangre, vida y sombrero. Un problema en donde es más peligroso ir a un estadio de fútbol a ver, en familia, un partido, que ir a la fiesta de cumpleaños de “Alias Culiche”, jefe internacional de la Mara Salvatrucha. Pero debemos entender algo más grave aún, aquí señores, no sólo tenemos que echarle la pelota al vándalo, criminal y vago, como algunos de los que por estos días rondan las graderías de los estadios, sino a todo un puñado de factores, personajes, instituciones y demás que, mi modo de ver, tienen mucha culpabilidad en la bien llamada: violencia futbolera.

Hoy por hoy nos quieren hacer ver que la violencia en el fútbol es única y exclusivamente de los gamberros que les dio por escoger un escudo y una camiseta para justificar su ignorancia. Y bueno, es claro, ellos tienen mucho que ver; pero entonces mejor hagamos un “recorderis” de lo que a través de la historia ha empañado nuestro fútbol de sangre, narcotráfico, dólares y armas, para darnos cuenta que solamente ellos, no tienen la culpa.

Me parece muy conveniente que, por estos días, salgan nuestros dirigentes deportivos a intentar poner en orden y cordura a niños que no saben más que aprenderse unas barras argentinas, cambiarles el nombre con el de su equipo y venir a cantarlas mientras no pierden el ritmo brincando durante 90 minutos, claro está, acompañados de cualesquier “hierba” medicinal. Ha habido actos de solidaridad con las víctimas, en dónde se han involucrado todos los actores de este “teatro”; pero me pareciera mucho mejor que intenten ordenarse y responsabilizarse de tanto acto violento, ustedes mismos.

No es coherente que ustedes hablen de tolerancia o respeto por el contrincante cuando, por ejemplo, a nosotros (los pastusos) nos mandaron sin ninguna misericordia “derechitooo para la B”, todo porque a Pasto no les gustaba venir. No es coherente que le pidan a un “hincha” que juegue limpio cuando son ustedes mismos los que compran partidos, pagan árbitros y quitan y ponen puntos según su conveniencia. Tampoco lo es cuando ustedes, han servido de muñecos dirigentes, mientras todo un país ha sabido que sus “jefes” han sido reconocidos narcotraficantes dueños de varios de nuestros equipos “grandes”, haciendo que muchos de esos varios encabecen los primeros puestos de la “Lista Clinton”, tengan nexos con paramilitares o dejen “vacunarse” con dólares untados de coca. La historia nos muestra un Rodríguez Orejuela “americano”, un Pablo Escobar “verdolaga” o  un Rodríguez Gacha “embajador”; ¡ah! y acá tuvimos un asomo de “picardía” con un Carlitos Suarez “pastuso”, aunque la verdad, sin contarles mucho, por este lado: tristemente pecamos “todos”.

No es consecuente que tengan una comisión arbitral que, cada fecha, de diez árbitros que pone para pitar nueve, sean ciegos. Es increíble que pidan tolerancia cuando algunos jugadores llamados “profesionales” no pasan partido en blanco, sólo en amarillo o en rojo. Buscan patear la pelota, pero también las canillas. Si van perdiendo, no desaprovechan oportunidad para mandar algún “guascazo” a su contrincante. Bueno, si van ganando también lo hacen, la idea de ellos es buscar pelea a como dé lugar. No podemos negar que contamos con buenos jugadores de fútbol pero también con fabulosos actores de teatro, innatos todos ellos. ¿Cuál juego limpio? Si acá de 90 minutos reglamentarios 30 medio juegan y 60 se la pasan simulando golpes, patadas, dolores de estomago, de tobillo, de cabeza o calambres. A ellos, ni veinte latas de Dolorán, por partido, los curaría. Además tenemos casos de futbolistas involucrados en asesinatos, robos, violencia intrafamiliar y combinaciones de: alcohol + gasolina, los cuales, con la mayoría de ellos ¡no pasa nada! Con tal que hagan goles lo demás, poco importa. Y para rematar, mirando la otra cara de la moneda,  ¿pretenden no fomentar la violencia, ni la pobreza, ni la discriminación, ni la desigualdad, cuando ni siquiera son capaces de trabajar para que nuestros deportistas tengan un trabajo digno, como cualquier otra persona? ¿No les es suficiente sacar provecho de sus transferencias, ventas o préstamos para lucrarse ustedes y que éstos ni siquiera tengan un futuro asegurado? Hay miles de casos de deportistas en el olvido que, cuando jugaban y eran jóvenes ustedes sacaban pecho, los cargaban en hombros y les prometieron casas y ahora que ya envejecieron, se les esconden, no son capaces ni de tocarlos, mucho menos los van a cargar y de esas promesas ni siquiera les llegaron tres ladrillos.

Así entonces, es complicado pedirle a un niño que tiene nulas opciones para poder educarse como todo niño normal, con derechos y deberes, que como no puede estudiar entonces tampoco salga a la calle y si le enseñan un arma, se tape los ojos. El problema es social, cultural y global. No podemos seguir pensando que los únicos culpables son ellos. Sí, esto se nos llenó de “Alias”, de chuchillos y machetes, pero también hace mucho tiempo hemos estado llenos de corruptos, mafiosos, ladrones y apostadores ilegales, que no sólo han sido hinchas sino “socios mayoritarios” y así, la cosa cambia. No podemos negar que nuestro fútbol ha sido una verdadera mafia. No podemos pretender que nuestros hinchas vivan en paz, cuando hemos pasado años de años empañados en sangre y violencia. Está bien pedirle a cada hincha que no discriminen a nadie por su preferencia, su afición o el color de su camiseta, pero entonces ustedes señores dirigentes, tampoco sean excluyentes, con equipos como el nuestro o como otros: “chicos” como nosotros. Si piden tolerancia, den ejemplo. Si quieren que nosotros, los buenos aficionados, no dejemos de ir a los estadios; no muevan sus manos negras para untar de corrupción a todo lo que es el fútbol: un simple juego.

Piensen más allá de las rivalidades entre hinchas, pues aparte de ellos hay y han habido otros demonios: como ustedes. Trabajen a conciencia, con honestidad y responsabilidad por fomentar un fútbol en paz, pero de verdad, no de chiste. Dejen sus malos manejos a un lado, dejen su ambición por el otro, piensen en un juego sencillo, a veces tonto para quienes no les gusta, pero lleno de pasión, adrenalina y corazón. Miren, por ejemplo acá, en esta tierra donde poco les gusta venir, se mueve eso precisamente: puro y sencillo amor por un equipo de fútbol que más que eso es un ejemplo de identidad por una tierra olvidada por personas, también, como ustedes. Acá igualmente hemos tenidos algunos parajes oscuros, como por ejemplo, por ratos se nos ha querido pegar algunas malas costumbres de otras “barras bravas”, pero menos mal el frio nunca deja que nada se pegue. Acá, ni tan bravos somos, tanto que puede llegar el equipo contrario y se va siendo aplaudido así nos ganen, pero sin que no nos roben, claro está. Tampoco nos gusta ver partidos de pie, de hecho acá meten un “gol” y en lo posible intentamos celebrar sentados, porque a nuestros vecinos no les gusta que nos paremos. Con este grito; “¡sentaaaaarse!”, nos damos cuenta de lo entumidos que somos. Por eso entonces los invito a que trabajemos todos para que, desde pequeños, nuestros niños entiendan que un deporte es un momento de recreación y descanso, no un acto de violencia en donde se debe matar, para salir victorioso. Que entiendan que debemos compartir un deporte como una diversión más, como una manera de relajarnos, no de odiarnos. Se deben tomar medidas drásticas, sí, pero también se debe empezar a limpiar el buen nombre de nuestro fútbol, empezando a limpiar el de ustedes. Nombres buenos que nunca han existido, pero así como todo es posible en este país, que esto no sea la excepción. Podemos seguir soñando un rato.

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