Playlist Nariño / CAN – DIEGO ESPADA

Texto: Mario Mora

Ilustración: Andrea Morales

La ciudad tiene ese beat mal sintonizado que aturde, en ese beat los perros muerden, los gatos sueñan, las aves invaden techos y los hombres intentan escapar. Escapar es sencillo:  audífonos, ningún destino y caminar. Play… otro beat empieza justo cuando la puerta de la casa se cierra, dejándome solo en medio de un tráfico de soledades. Suena:

“Muerte no me busques…

Hoy no quiero que me encuentres…”

Al fondo está esa casa que siempre quise tener, atrás la casa que tengo. Pienso que ningún lugar sirve para esconderse de la muerte y que ella no se dedica a buscar, es quizá una circunstancia carente de juego, la vida misma entonces es el gran escondite. Si fuera ella una niña y yo ese chiquillo que jugaba a esconderse en el parque de Santiago, todo sería dulce. Pero no, el parque dejó hace mucho tiempo de tener el dulzor despreocupado de la infancia y los tiempos han hecho que allí donde había resquicios donde un niño podía ocultarse, hoy muestre nostalgias de donde un adulto necesita huir.

“…recuerda que antes de largarme de aquí

Tengo muchas quimeras pendientes

Con el RAP

Con la negra de mi madre también… “

Las calles a las doce del medio día están repletas, sin embargo tienen esa alma vacía que deja el afán; el ruido es tanto y tan constante que va tragándose todo hasta hacerlo invisible. El cuerpo no deja ver el paisaje.

El beat se reitera, la melodía atrapa, nada mejor que la calle para armonizar con una letra que le corresponde. La gente se mueve con un ritmo constante y aturdidor, como sin rumbo, un mareo de sombras y cuerpos que no lleva a ningún lado. Hay un sol que enciende el ambiente, los árboles del parque alargan sus hojas más verdes y las mueven como festejando la luz. Qué distinta debe ser esta canción en la noche, en esa noche que describe, llena de peligros, acostumbrada a una luna sin alma que nada le importa el miedo o el escalofrío . Una luna sin muerte, una luna insensible, llena de ensoñaciones y quimeras que la intentan vestir queriendo, siempre, sentirse desnuda. ¿De qué sirven los sueños? No nos calman el frío, no visten la luna. Llego a la calle del colorado con desilusión.

“… es cierto no traigo suerte

Lo mío es buenas intenciones…”

Por esta calle – dicen – corrió sangre en la Navidad Negra. Por esta calle corrieron, en 1994, las ilusiones de un niño que esperaba no despedirse de su padre. Esas ilusiones siguen intactas. Atropelladas por los carros y motos que cada año son más y más terribles. Somos después de todo, el camino de esas ilusiones atropelladas que vamos recogiendo y vuelven a vivir, una y otra vez. Yo por ejemplo, era un niño esperando que en el horizonte, allá donde la ciudad bostezaba ruido, mi padre apareciera – su sombra era para mi una ilusión – y sonría y llegue a casa y volvamos a almorzar hasta que me llene de nuevo con sus historias de un país que nunca vivió.

Bajo el colorado y pienso en él, ese viejo con buenas intenciones y nada de suerte. Ese camino sin regreso que noche y día solo es esa vaga sombra que se reitera un horizonte que se aleja. Es ceniza, es sangre, es pasado. Yo, como todos los que estamos aquí, bajando y subiendo el colorado, elevamos la ceniza, secamos esa sangre y olvidamos el pasado.

El beat sube hasta los techos y se recuesta con las palomas del Colorado.

“… y yo qué haré

Rogándole a la noche

que me saque de adentro

lo que me pudre,

y yo qué hare…”

Se va acercando el centro, él se acerca, no yo, yo sólo camino apartando con las manos vallenatos y “regetones” que saltan al paso con violencia pero nunca muerden por falta de personalidad. Esquivo gritos y avisos que vociferan con la misma intensidad las promociones de todos los días, de todos los años de la vida. El Hotel Cuellar, el olor a bóxer, un semáforo que si viviera se sentiría un niño solo  al que nadie le da una moneda, “los paisas” gritan “venga, venga entre, a milloqueescoja…” mientras explotan sus aplausos en esa especie de cántico aturdidor que se confunde con el humo de los buses. Se acerca el centro hacia mi, abriendo su boca de animal moribundo y me traga. Adentro, salvo las frutas y los perros y los niños, todo parece amargo.

En la noche no mejora, lo que le pudre a esta ciudad en la mañana, le duele en la noche. Esa aparente soledad que se viste de rabia, de los retazos de mañana que otros recogen para poder comer o  de esas tristezas que unos y otros llevan de lado a lado de la ciudad. Está, luego, la madrugada que intenta sanar pero su alma de niña solo logra acariciarnos.

“yo no quiero queme tiren veneno

Ni que hable por mi espalda lo que en cara les dá miedo

… yo no quiero perder tiempo con odios

Solo quiero un buen sampleo… “

Camino en el centro con mis audífonos, con esa felicidad de sentirse bien acompañado. Bailo, canto el coro que es pegajoso y certero.

Llego a la iglesia de San Agustín y el beat se acaba.

Escucha “Can” en el siguiente link:

https://soundcloud.com/playlistnarino/can_diegoespada

Escucha el Playlist Nariño v.1.0 completo:

https://soundcloud.com/playlistnarino

“Can” está licenciada bajo Creative Commons y está permitida su copia, difusión y modificación siempre y cuando se haga sin fines comerciales y citando al autor original.

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